Se produjo una escalada de violencia al este de Nablus cuando un colono israelí abrió fuego contra varios palestinos durante una incursión militar, hiriendo al menos a cuatro civiles y, en un giro desconcertante, disparando también contra otro colono israelí en medio del caos, según fuentes locales y médicas.
La Media Luna Roja Palestina confirmó que sus equipos de emergencia atendieron a dos personas que sufrieron heridas de bala en el abdomen durante la incursión en Beit Furik, una localidad al este de Nablus ubicada en el corazón de Cisjordania ocupada. Los médicos describieron las lesiones como graves y ambas víctimas fueron trasladadas de urgencia a hospitales cercanos para ser intervenidas quirúrgicamente.
Posteriormente, fuentes locales ampliaron la información sobre el incidente, informando que el colono armado había atacado a un total de cuatro palestinos, dejándoles heridas de bala de diversa gravedad. De forma inesperada, el mismo agresor también disparó e hirió a otro colono israelí durante el mismo episodio de violencia, aunque las circunstancias que rodean este incidente de fuego amigo aún no están claras.
Inmediatamente después del tiroteo, las fuerzas de ocupación impusieron un bloqueo total de la zona. Los puestos de control de Beit Furik y Awarta —puntos estratégicos que controlan el movimiento de las comunidades palestinas al este de Nablus— fueron clausurados abruptamente, dejando atrapados a los residentes y paralizando el tráfico local. Los cierres se produjeron mientras unidades militares israelíes patrullaban la zona, reforzando su presencia en un territorio ya de por sí estrictamente controlado.
El incidente subraya la peligrosa e inestable realidad de la vida cotidiana bajo la ocupación, donde la población civil palestina sigue siendo extremadamente vulnerable a los ataques armados de los colonos, a menudo perpetrados con impunidad y frecuentemente respaldados por la protección implícita de los puestos de control y las patrullas militares. El tiroteo también pone de manifiesto la naturaleza impredecible de estos enfrentamientos, donde ni siquiera los propios colonos son inmunes a la escalada de violencia armada.
Hasta el miércoles por la noche, las autoridades de ocupación no habían emitido ninguna declaración oficial sobre las acciones de los colonos ni sobre el posterior cierre de los puestos de control, mientras que los residentes palestinos de Beit Furik y las aldeas circundantes se preparaban para nuevos ataques, en lo que se ha convertido en un patrón implacable de presión militar en toda Cisjordania ocupada.
Fuente: Diversas
