La decisión de EEUU de revocar el visado de la embajadora brasileña, Maria Luiza Ribeiro Viotti, profundiza hoy la crisis bilateral y es interpretada como una medida de presión política que rompe prácticas diplomáticas tradicionales.
Esa acción, anunciada la víspera por el Departamento de Estado bajo el argumento de la demora brasileña en conceder el beneplácito al candidato estadounidense para dirigir la embajada norteamericana en Brasilia, Daniel Pérez, elevó a un nuevo nivel las tensiones entre los gobiernos de Donald Trump y Luiz Inácio Lula da Silva.
Diplomáticos brasileños y estadounidenses citados por el diario Folha de S.Paulo calificaron la decisión como “gravísima”, “desproporcional” y sin precedentes en la práctica reciente de las relaciones internacionales.
El principal cuestionamiento gira en torno al uso de una medida contra una embajadora acreditada como mecanismo de presión para acelerar un procedimiento que, por tradición, es confidencial y depende exclusivamente del país receptor.
Mediante un comunicado en respuesta a la decisión norteamericana, el Gobierno brasileño recordó que la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas establece que la solicitud de beneplácito debe mantenerse reservada hasta la aceptación del representante extranjero y no fija un plazo para la respuesta del Estado anfitrión.
El Ejecutivo de Lula también afirmó que Washington anunció públicamente a Pérez antes de realizar de manera formal la consulta a Brasil, una ruptura del protocolo diplomático que, según Brasilia, antecedió al actual conflicto.
“La decisión de hoy no es un hecho aislado. Hace parte de una escalada deliberada de medidas hostiles contra Brasil”, señaló el Palacio de Planalto, que acusó a EEUU de utilizar “razones ideológicas” y de intentar influir en el proceso electoral brasileño. Esta controversia ocurre en medio de una relación bilateral marcada por sucesivos enfrentamientos desde 2025, cuando la administración Trump impuso aranceles a productos brasileños, aplicó sanciones contra autoridades nacionales y cuestionó decisiones internas del país sudamericano.
Durante las últimas semanas, Washington también anunció nuevas tarifas comerciales contra Brasil, mientras el Gobierno de Lula rechazó acusaciones estadounidenses sobre restricciones al comercio, regulación digital y el sistema de pagos Pix.
Para el profesor de Relaciones Internacionales de la Florida International University Guilherme Casarões, citado por BBC News Brasil, la revocación del visado representa “una capa más de presión” sobre el Gobierno brasileño y no corresponde a los escenarios habituales que justifican una medida de esa naturaleza.
El especialista recordó que acciones semejantes suelen ocurrir ante rupturas diplomáticas graves o situaciones que involucran faltas cometidas por representantes extranjeros, no por demoras en la aceptación de un embajador.
La administración Trump sostiene que la revocación responde a una cuestión de “reciprocidad” y a la necesidad de defender sus intereses, dentro de la política denominada “America First”.
Según el Departamento de Estado, la medida no equivale a una expulsión de Viotti, pero la diplomática necesitaría un nuevo visado para regresar a EEUU si abandona el país.
La decisión llegó además pocos días después de que Brasil negara visados a dos funcionarios estadounidenses vinculados al Departamento de Estado que pretendían viajar al país para tratar temas relacionados con la integridad electoral, libertad religiosa y libertad de expresión.
Brasilia consideró que esa misión planeaba cuestionar la integridad del sistema electoral brasileño, “en un intento inaceptable de interferir en el proceso político nacional”.
El anuncio estadounidense fue aprovechado por el bolsonarismo para atacar a Lula. El senador Flávio Bolsonaro, candidato a la presidencia, afirmó en redes sociales que la cancelación del visado de la embajadora fue consecuencia de la “incompetencia y el rencor” del actual Gobierno brasileño.
Asimismo, su hermano Eduardo Bolsonaro, señalado por diversas fuentes como uno de los articuladores de presiones externas contra Brasil, sostuvo que la decisión ocurrió “por cuenta del ego de Lula”.
Tales reacciones fueron previstas por el diputado federal Lindbergh Farias, quien dijo que los hijos del expresidente Jair Bolsonaro debían estar celebrando con la acción norteamericana.
“No vamos a doblegarnos ante chantajes ni vamos a aceptar cualquier tipo de interferencia o amenaza. El Brasil de Lula es digno y valiente”, afirmó.
Desde sectores aliados al Gobierno brasileño se recuerda que integrantes del bolsonarismo –incluidos ambos hermanos- han buscado apoyo político en EEUU para presionar contra autoridades e instituciones brasileñas, especialmente después de los procesos judiciales relacionados con Jair Bolsonaro y sus aliados.
Para analistas brasileños, la nueva etapa del conflicto refleja esa disputa más amplia que trasciende la cuestión diplomática y combina intereses electorales, diferencias ideológicas y la disputa por la influencia internacional de Brasil.
A medida que se acercan los comicios generales del 4 de octubre, en los que Lula buscará la reelección y Flávio Bolsonaro intentará el regreso de la extrema derecha al poder, las posibilidades de que las tensiones sigan escalando parecen cada vez más reales.
Fuente: Prensa Latina
