Según un estudio del Instituto Cato, la guerra de EEUU contra Irán resultó en importantes pérdidas estratégicas y materiales que evidenciaron la fragilidad de la presencia militar de Washington en la región.
El Instituto Cato señala que, si bien EEUU infligió pérdidas al ejército iraní, no logró una victoria. Como indica el estudio, “la guerra no se ganó”, ya que Irán pudo “mantenerse en la lucha, seguir atacando y persuadir a EEUU de recurrir a la diplomacia”. Esto, sugiere el instituto, refleja una creciente brecha entre las capacidades militares estadounidenses y su capacidad para alcanzar una victoria estratégica.
Un aspecto central del análisis del Instituto Cato es el costo que la represalia iraní sostenida impuso a las fuerzas estadounidenses. El estudio informa que “misiles y drones iraníes impactaron al menos una docena de bases estadounidenses”, atacando directamente la infraestructura militar estadounidense en toda la región. Estos ataques causaron bajas, con 13 muertos reconocidos y cientos de heridos, lo que subraya el alto costo humano del conflicto.
El Instituto Cato destaca además importantes pérdidas materiales. Los ataques a la Base Aérea Príncipe Sultán provocaron la destrucción de un valioso avión AWACS E-3 Sentry y daños o la destrucción de varios aviones cisterna, activos esenciales para la vigilancia y las operaciones aéreas. El estudio sugiere que estas pérdidas debilitan la eficacia operativa del ejército estadounidense.
La interrupción de las operaciones también fue generalizada. El Instituto Cato cita la decisión del Pentágono de reducir la presencia física de personal en las bases avanzadas debido a las amenazas persistentes. Citando informes externos, el estudio señala que muchas de las 13 bases militares en la región utilizadas por las tropas estadounidenses son ahora prácticamente inhabitables, lo que ilustra hasta qué punto las instalaciones estadounidenses quedaron inoperativas bajo un ataque sostenido.
En el centro de la evaluación del Instituto Cato se encuentra una crítica estructural de la estrategia militar estadounidense. Con aproximadamente 40.000 soldados desplegados en grandes instalaciones en el Golfo, estas bases se convirtieron, en palabras del estudio, en «objetivos tentadores» en lugar de centros seguros de proyección de poder.
El instituto plantea, en última instancia, preocupaciones estratégicas más amplias, preguntándose «cuánto valor disuasorio y operativo obtiene EEUU de una infraestructura militar que puede ser atacada» con tanta eficacia. La implicación, según el Instituto Cato, es que el modelo de despliegue avanzado de EEUU es cada vez más vulnerable ante la guerra con misiles y drones.