Dos décadas después de la invasión de Iraq, EEUU parece estar a la defensiva, redefiniendo su presencia militar y de seguridad en un entorno complejo, marcado por presiones políticas, ataques armados y una dinámica regional en rápida evolución. Si bien Washington insiste en caracterizar su presencia como de «asesoramiento» y vinculada a la lucha contra el Daesh, la realidad sobre el terreno indica un claro declive de la influencia y el papel estadounidenses.
Fuentes de seguridad iraquíes estiman que el número de tropas estadounidenses en Iraq oscila actualmente entre 2.000 y 2.500, distribuidas en las principales bases, sobre todo en la base de Harir en Erbil, además de una presencia limitada en el Aeropuerto Internacional de Bagdad y algunos centros logísticos. La misión oficial de estas fuerzas se centra en el entrenamiento, el intercambio de inteligencia y el apoyo aéreo y técnico a las fuerzas iraquíes en el marco de la «coalición internacional». Sin embargo, esta presencia ha sufrido importantes reveses en los últimos años, especialmente desde el estallido de la última guerra con Irán.
El 11 de marzo, un análisis del New York Times, basado en imágenes satelitales, reveló que al menos 17 bases y emplazamientos estadounidenses en Oriente Medio habían sufrido daños significativos, incluyendo instalaciones en Iraq. Funcionarios militares estadounidenses reconocieron que varios misiles y drones habían impactado directamente en al menos 11 instalaciones militares, incluyendo emplazamientos de comunicaciones y defensa aérea, además de tener como objetivo la Embajada de EEUU en Bagdad. Según el Departamento de Defensa de EEUU, 13 militares estadounidenses murieron y más de 400 resultaron heridos en el conflicto con Irán, lo que pone de manifiesto la magnitud de las bajas sufridas por las fuerzas estadounidenses en la región.
Fuentes clave de dos facciones armadas revelaron a Al-Akhbar que «la resistencia iraquí ha llevado a cabo más de 329 ataques contra intereses estadounidenses en el último período», afirmando que «la parte estadounidense está ocultando la verdadera magnitud de las pérdidas, tanto en vidas como en infraestructura». Las fuentes indicaron que «los ataques han obligado a Washington a reducir su despliegue y reubicar sus fuerzas en bases más fortificadas», argumentando que EEUU «ya no es capaz de entablar una confrontación abierta con las facciones de la resistencia, especialmente tras su debilitamiento en la guerra con Irán». Añadieron que «la presión ejercida por Washington sobre el gobierno iraquí para reestructurar las facciones armadas refleja esta debilidad».
En el ámbito político, surgió una postura dentro del parlamento iraquí que exige el fin total de la presencia estadounidense. El diputado Habib al-Halawi, del bloque «Sadiqun» afiliado al movimiento «Asa’ib Ahl al-Haq», declaró a Al-Akhbar que «la decisión de expulsar a las fuerzas extranjeras es irreversible y representa una voluntad nacional y soberana», recordando que «el Parlamento ya votó a favor de poner fin a esta presencia, y lo que está ocurriendo hoy es un intento de dilatar y eludir la decisión». Considera que «las pérdidas sufridas por las fuerzas estadounidenses durante el último período confirman que ya no pueden permanecer en el país, y que el fin de su presencia militar es solo cuestión de tiempo».
Por su parte, el analista político Mohammed al-Jalidi opina que “la presencia estadounidense no ha cesado realmente, sino que se ha transformado, pasando de una presencia militar directa a una influencia más flexible en materia de seguridad e inteligencia”, pero “esta influencia ha disminuido claramente tras la escalada de las operaciones de la resistencia y el cambio en el equilibrio de poder regional”.
En el ámbito de la seguridad, el general de división retirado Mohammed Subhi confirmó que “el despliegue estadounidense se ha vuelto más cauteloso y reducido”, explicando que “las fuerzas estadounidenses han pasado de una estrategia de despliegue generalizado a centrarse en algunas posiciones limitadas y altamente fortificadas”. Añadió, en su entrevista con Al-Akhbar, que “los datos sobre el terreno indican un descenso en las capacidades operativas de estas fuerzas fuera de sus bases, lo que refleja un cambio en las reglas de enfrentamiento”.
Cabe destacar que el acuerdo estratégico entre ambos países, junto con los entendimientos sobre el trabajo de la “coalición internacional”, estipula un papel consultivo para las fuerzas extranjeras. Sin embargo, el gobierno iraquí ha anunciado, en más de una ocasión, que se han alcanzado acuerdos para finalizar las tareas de la «Coalición» según calendarios específicos, como preparación para pasar a una fórmula de cooperación bilateral.
Fuente: Al-Akhbar